Los impuestos alimentarios a debate

Impuestos alimentarios a debate

La alimentación insana es ya la primera causa de enfermedad y pérdida de calidad de vida en el mundo. También en el Estado español.

El pasado mes de febrero tuvo lugar, en el Congreso de los Diputados (Madrid), un importante debate sobre la fiscalidad de los alimentos organizado por VSF Justicia Alimentaria Global y la Confederación de Consumidores y Usuarios. Ambas organizaciones forman parte, junto a otros colectivos, de una alianza para una alimentación saludable. En el debate estuvo presente la Plataforma por una Alimentación Responsable en la Escuela.

Este debate se sitúa en el contexto en el que el Gobierno anunció en diciembre, para frenar su consumo y los efectos perjudiciales para la salud, poner una tasa para las bebidas azucaradas, es decir las que contienen edulcorantes calóricos añadidos, entre otros, azúcar, miel, fructora, sacarosa, jarabe de maíz, jarabe de arce, néctar o jarabe de agave y jarabe de arroz. Sin embargo, dicha medida sólo se ha aprobado en Cataluña, el pasado 27 de marzo, dentro de las Medidas Fiscales de Acompañamiento a los Presupuestos.

Durante años, las políticas públicas alimentarias y la fiscalidad han estado fuera del debate institucional, pero la necesidad de establecer políticas fiscales alimentarias alineadas con los objetivos de la política sanitaria es incuestionable. El debate trató sobre esta necesidad analizando problemas, necesidades y soluciones.

Ofrecemos un breve resumen de las cuestiones tratadas durante el encuentro.

El beneficio económico por encima de todo

La importancia de la alimentación en la calidad de vida de las personas está más que demostrada. Comer ha llegado a convertirse en un acto peligroso. La mala alimentación es responsable de miles de muertes cada año. Organizaciones como VSF Justicia Alimentaria Global han denunciado esta situación a lo largo de los últimos años en diferentes programas y campañas como Cortocircuito, 25 gramos, Alimentacción o Dame Veneno.

En el gran negocio de la alimentación prima el beneficio económico sobre cualquier otro aspecto, como la salud, y la normativa vigente parece favorecer este enfoque.

En la actualidad no hay ninguna política pública destinada a mejorar la alimentación mediante un modelo ecológico, de proximidad y de temporada, y se permite que los alimentos con altos contenidos en grasas y azúcares sigan siendo los más fáciles de obtener y los más baratos. Esto contribuye al aumento de la obesidad, especialmente entre menores y personas con menor capacidad crítica y económica (la obesidad está cada vez más relacionada con las rentas bajas). También aumenta el número de enfermedades derivadas de una mala alimentación.

Alimentos malos para la salud

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en el Informe de la Comisión para Acabar con la Obesidad Infantil publicado en enero de 2016 tras 2 años de investigación, diferencia entre alimentos saludables y alimentos malsanos definidos como: “Alimentos altos en grasas saturadas, ácidos grasos trans, azúcares libres o sal (es decir, alimentos de alto contenido calórico y bajo valor nutricional)”. Y desarrolla 6 recomendaciones para atajar la obesidad entre la población infantil que inciden sobre un entorno que favorece la obesidad.

En octubre de 2016 tras un estudio sobre Políticas fiscales para la Dieta y las Enfermedades No Transmisibles (sólo disponible en inglés), la OMS pasa de recomendar que en los entornos donde están los niños no se promocionen bebidas que contengas alimentos malsanos (2010) a decir abiertamente que un incremento del 20% en el precio de estas bebidas redundaría en una reducción proporcional de su consumo. “El menor consumo de bebidas azucaradas implica una reducción de la ingesta de «azúcares libres» y de la ingesta calórica total, una mejor nutrición y una disminución en el número de personas que presentan sobrepeso, obesidad, diabetes y caries dental”.

De acuerdo con este informe, las políticas fiscales deberían centrarse en los productos alimenticios y las bebidas para los que hay alternativas más saludables.

El informe es el resultado de una reunión de expertos mundiales convocada por la OMS a mediados de 2015. Realiza un estudio que incluye 11 revisiones sistemáticas recientes sobre la eficacia de las políticas fiscales para mejorar la alimentación y prevenir las enfermedades no transmisibles, debatido en una reunión técnica de expertos mundiales. Concluye que:

  • Subvenciones a las frutas y las hortalizas frescas reduciendo los precios de un 10% a un 30% pueden aumentar la ingesta de estos productos.
  • Poner impuestos a determinados productos alimenticios y bebidas, especialmente los que son ricos en grasas saturadas, ácidos grasos trans, azúcares libres y/o sal pueden revertir en una reducción de su consumo como muestran claramente los estudios disponibles.
  • Los impuestos especiales —por ejemplo los del tabaco— que gravan con impuesto fijo (específico) un determinado volumen o cantidad del producto o de un ingrediente en particular son más eficaces que los impuestos sobre las ventas u otros impuestos calculados como porcentaje del precio de venta al público.
  • La aceptación de estos impuestos por la opinión pública es mayor si los ingresos obtenidos se emplean en medidas que mejoren los sistemas de salud, promuevan la adopción de una alimentación saludable y fomenten la práctica de ejercicio físico.

A pesar de estas recomendaciones de la OMS, aún la postura oficial en nuestro país sigue siendo ambigua: “No hay alimentos buenos ni malos”. Todos los productos, buenos o malos, cumplen con la normativa sanitaria. Esta afirmación, aunque sea cierta sólo nos informa que la normativa sanitaria es insuficiente para proteger nuestra salud porque los alimentos sanos y malsanos, ambos cumpliendo la normativa sanitaria, afectan a la salud de manera muy distinta. Esta concepción, además de haberse demostrado errónea, responsabiliza al consumidor en última instancia de sus elecciones en la compra y exonera a las empresas que fabrican esos alimentos y los promocionan con publicidad engañosa entre los más pequeños sin ningún freno por parte de las administraciones que deberían velar por la salud de la población.

Los precios de la alimentación procesada están al nivel del año 1990. El 44% de la población no puede comer sano porque no puede pagarlo. Un alto porcentaje de estos consumidores está formado por familias monomarentales.

La dificultad de los colectivos con menos ingresos se agita a veces como bandera para justificar que no se apliquen medidas fiscales en la alimentación. Pero la mala alimentación no sólo se encuentra en familias con bajos ingresos, sino que está condicionada por la cultura alimentaria. Colectivos inmigrantes que mantienen su cultura tradicional con abundantes alimentos frescos y vegetales gozan de mejor salud que aquellos que incorporan alimentos procesados.

Miles de personas mueren cada año por problemas derivados de una mala alimentación. Hacen falta medidas contundentes para evitar que el consumo de alimentos perjudiciales para la salud siga aumentando.

Impuestos a las bebidas azucaradas

Los azúcares añadidos a los alimentos no aportan nada positivo a nuestra dieta, y las bebidas azucaradas son una epidemia en muchos países. En México, por ejemplo, varias organizaciones llevan años trabajando para endurecer su regulación. Allí, el consumo de bebidas azucaradas aumentó un 60% en dos décadas llegando a alcanzar los 163 litros por persona y año. El problema se agrava entre los más pobres. Se calcula que llegaron a morir 26 mil personas cada año por enfermedades relacionadas con el consumo de azúcar.

El cambio comenzó hace tres años, cuando un incremento en la presión fiscal sobre las bebidas azucaradas, a razón de un peso por litro, consiguió una reducción en su consumo del 12%, llegando al 17% en las familias con rentas más bajas.

Aquí, pese a la insistencia de numerosas organizaciones y profesionales de la salud, aún queda mucho por hacer. El impuesto estatal sobre las bebidas azucaradas quedará en aire, y sólo Cataluña aplicará los cambios. Allí los refrescos serán entre un 10 y un 20% más caros. En otros territorios las bebidas perjudiciales para la salud se seguirán vendiendo al mismo precio.

Alimentación y salud en los centros educativos

La mayoría de las máquinas expendedoras instaladas en centros educativos incumplen los criterios establecidos en el documento de consenso sobre alimentación elaborado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y las recomendaciones de la OMS de eliminar de las escuelas los alimentos de alto contenido calórico y bajo valor nutricional.

En este marco, la Plataforma por una Alimentación Responsable en la Escuela defiende la necesidad de generar un debate social. Queremos un cambio en el modelo de gestión de los comedores escolares y de otras colectividades. El modelo actual es responsable del exceso de alimentación procesada que ha desplazado a los alimentos frescos, las legumbres, las frutas y las verduras de temporada.

Consideramos que los centros educativos y el comedor escolar son espacios idóneos para fomentar una conciencia social crítica y formada en alimentación saludable.

Suministrar alimentos nocivos en los centros educativos es inadmisible.

Soluciones

Durante la jornada se propusieron y analizaron diferentes propuestas para solucionar los problemas descritos. La puesta en marcha de algunas de ellas es sólo cuestión de voluntad política. Resumimos los principales necesidades:

  • Corregir la desigualdad alimentaria desincentivando el consumo de comida basura. En el Reino Unido, por ejemplo, los alimentos sanos no cuentan con impuestos adicionales (0%). Se trata de implantar políticas fiscales alineadas con los objetivos sanitarios.
  • Regular los Derechos Nutricionales incluyendo un catálogo de Alimentos Sanos e Insanos, desechando definitivamente la actual ambigüedad de las autoridades sanitarias.
  • Regular debidamente la publicidad, en especial la ‘Publicidad Alimentaria Infantil’. En el Reino Unido no se emitirían el 80% de los anuncios que se emiten aquí.
  • Trabajar por un etiquetado de los productos alimenticios obligatorio, claro y perfectamente comprensible para personas de cualquier edad.
  • La Administración debe dedicar más recursos a la prevención y disminuir la brecha en la compra de alimentos sanos según la capacidad económica de los consumidores.

En el debate, la Plataforma por Una Alimentación Responsable en la Escuela aportó que el cambio de hábitos saludables pasa por incrementar la cultura alimentaria con los más pequeños y sus familias. Informamos de experiencias de cultura alimentaria saludable en entornos con dificultades económicas y sociales como el enclave barrial de Cañada Real que atraviesa 16 Km de una antigua vía pecuaria en el que conviven población gitana, magrebí y autóctona. La Garbancita Ecológica desarrolla talleres de educación alimentaria y ambiental con niños, niñas y sus familias. Educación en salud alimentaria como base para frenar la ingesta de bebidas azucaradas y chuches y su sustitución por frutas de temporada.

En definitiva, hacer que la salud prevalezca sobre los intereses económicos de las empresas del sector y hacer frente a las trabas que los grupos interesados ponen para evitar la lucha efectiva contra la obesidad y otros graves problemas relacionados con una alimentación deficiente.

La mala alimentación enferma a la sociedad. El debate social y la concienciación son fundamentales, pero también lo son las políticas de la Administración, incluyendo una política fiscal alineada con los objetivos de salud pública.


Para saber más:

Autor: Comedores Responsables

Plataforma por una Alimentación Responsable en la Escuela.